Erase una vez en en el hall de LA GACETA, que ayer se llenó de vocecitas del elenco del flamante Teatro Estable de Niños y Jóvenes del Ente Cultural, dirigido por Lilian Mirkin, en vísperas del estreno de su primera puesta en escena "El sueño de Alicia".
"Haciendo teatro te hacés amiga de chicos de diferentes lugares y te divertís mucho", dispara Nicole (11). "En ?Alicia? quiero dirigirlos a todos; soy un loro que habla poco. Desde chiquito hago teatro; antes fui ladroncito de ovejas", dice el pequeño Iván (9), oculto bajo una frondosa melena.
De lejos, llaman los ojos oscuros de Lucrecia (12), la mayor. "Soy la duquesa", advierte. Ella y su hermana de 11 también hacen teatro desde muy chicas y declaran que quieren ser actrices. "Alicia es una obra muy buena donde hay muchos personajes que son muy locos", describe Agustina.
Delfina (9), muy seria, habla de la riqueza de "los textos, los personajes, las personalidades, muchas situaciones".
Sabrina advierte: "yo también soy Alicia. Somos nueve Alicias porque nos repartimos en distintas escenas para que todas podamos ser el personaje". "Somos una sola en definitiva, que vamos imaginando muchas cosas", explica Nicole.
El gato de Cheshire, que aparece y desaparece, es Juan Pablo (9), de sonrisa ancha: "siempre está echado, como buen gato pancho, y yo soy un poco así".
Otro que siempre descansa es el lirón, Santiago, de ojos vivaces, que es también el cocinero.
"Soy la oruga azul", dice el simpático Julián (10), de delantal de igual color.
"El conejo siempre está muy apurado, muy nervioso, corriendo para todos ladosss...", describe su personaje Ricardo. "Yo hago de ratón; pero me llamo Carlos (9) -aclara-. Es un ratón de biblioteca que trata de decir un montón de cosas para secarles la mente con todo lo que sabe". Y desata la risa de los padres que están cerca.
"Es calladito pero decidido -cuenta Georgina (la mamá de Iván)-. Desde que aprendió a hablar él quiere ser actor; no le gusta ningún deporte, sólo actuar. Cuando era chico quería estar todo el día disfrazado. Esta actividad le llenó sus expectativas; es más, él dice que ya tiene su experiencia, que va ser profesor de teatro y que cuando tenga 21 años va a ir a Hollywood a filmar películas".
"Nicole quiere usar su imaginación; le gusta actuar. Y va por más", afirma Andrea.
Maria José (mamá de Delfina) destaca el desarrollo del elenco desde su formación, en abril, y el trabajo (que incluye realización de máscaras, escritura de textos, y hasta diseño de programas en base a dibujos de los chicos). Además resalta la iniciativa de crear este espacio, "muy necesario, que propone una experiencia enriquecedora, sobre todo por la pila que le pone la profesora Mirkin".
La dulce actriz Sofía es bien expresiva: "enseña que nunca hay que dejar los sueños?" "¡Y que todo puede pasar! -agrega, pícara, Valentina-. Es un sueño loco donde no sólo los loros, todos los animales hablan. ¡Yo digo que tienen que ir al teatro porque es una obra donde la familia puede pasar un rato muy divertido!"
La rubia Sol (12) levanta la mano: "¡es buenísima! Todos hemos aprendido a hacer algo nuevo y es muy divertido. ¡Vayan a verla para que disfruten como nosotros!".
La Semilla
por Lilian Mirkin
Crear un espacio donde viva el arte es ofrecer a niños y jóvenes un horizonte para estimular la imaginación creadora, es crear una instancia educativa que impacta y se proyecta más allá de los pequeños actores. Llega a sus familias, sus amigos, docentes y compañeros, mostrándoles a todos ellos otras formas de concebir el teatro y de relacionarse con el arte. Trabajar todos juntos en un proceso creativo para descubrir cuál es la voz propia de cada uno y cómo esa voz se integra a una voz grupal; es la manera de entregarnos al juego del teatro, porque es una actividad colectiva. Aprendiendo del otro, apoyándonos en el grupo, confiando en las relaciones humanas, podremos caminar hacia una verdadera y representativa propuesta artística. Porque, como dice Bakunin, "la libertad del otro multiplica la mía y la de los demás hacia el infinito".
Hemos plantado una semilla de trabajo, esfuerzo y amor en esta tierra, en este Centro Cultural Juan B. Terán, y hoy podemos ver ya su primer brote.
Espero que siga creciendo con fuerza y con los cuidados necesarios para que se convierta en un gran árbol, que cobije a quienes necesiten una sombra, que entusiasme a quienes quieran escalarlo, que produzca frutos nuevos y originales para saborear el transformador gusto por el arte.